Escuela de tenis.

Me impresionó muchísimo la pobreza en la que allí se vive; no podía dejar de pensar en todas las cosas que a nosotros nos sobran y que a ellos les faltan. Una enorme injusticia.

También me llamó mucho la atención que pese a las rudimentarias condiciones de las pistas donde entrenábamos –cuando llovía, era un barrizal; a veces los corderitos se despistaban, entraban en las pistas y los niños los tenían que echar…- el enorme entusiasmo que ponían todos mis alumnos en aprender. Estaban felices. Aparte de las clases, organizamos campeonatos y disfrutaron muchísimo.

Pero si algo me gustaría destacar por encima de todo es la extraordinaria figura del P. Olaran. Su cautivadora personalidad, su firme y sostenido entusiasmo, su inmensa bondad y su cercanía con todos los que durante una temporada colaborábamos en la misión. Su humildad y espíritu comunitario, siempre resaltaba la labor de equipo y reconocía el valor de cada una de las personas que le ayudan. Para mí fue un gran privilegio conocerlo y una suerte poder disfrutar de sus reconfortantes palabras.

Como tantos otros cooperantes, yo también tuve la sensación de que aunque fui a enseñar, aprendí mucho más; recibí mucho más de lo que pude dar. Es una experiencia única. Animo a quienes tengan la oportunidad de colaborar en la misión,  a que no lo duden, será una experiencia diferente y enriquecedora.

Cristina